Por José Antonio Cantón
Vélez Blanco. XXI Festival de Música Renacentista y Barroca de Vélez Blanco (FESTIMUVB). Patio de Honor del Castillo de Vélez Blanco. 27-VII-2022. La Real Cámara. Solistas: Aurora Peña (soprano) y Francisco Fernández-Rueda (tenor). Cecilia Clares (violín), Antonio Clares (viola), Mercedes Ruiz (violonchelo), Silvia Jiménez (contrabajo), Pablo Zapico (guitarra) y Eduard Martínez (clave). Dirección: Emilio Moreno (violín y dirección). Obras de Antonio Rodríguez de Hita. Patio de Honor del Castillo de Vélez Blanco. 28-VII-2022. Harmonia del Parnàs. Solistas: Ruth Rosique (soprano) y María Infante (mezzosoprano).  Marian Rosa Montagut (clave y dirección). Obras de José Castel, Francesco Corradini, Antonio Literes y José de Nebra.

El Festival ha contado con dos grupos de reconocida experiencia y valor artístico como tienen a gala La Real Cámara y Harmonía del Parnás, dedicados a poner en valor la música barroca española escrita para escena durante la primera mitad del siglo XVIII. En el primer caso, su director, el violinista Emilio Moreno ha tenido el acierto de recuperar la figura del compositor alcalaíno Antonio Rodríguez de Hita en el tercer centenario de su nacimiento a través de ocho arias recogidas en un manuscrito que se conserva en la Biblioteca Nacional de Francia que ha querido denominarlo ‘El Cuaderno del Emigrado’, título a su vez adoptado para este concierto. En el segundo, la clavecinista valenciana Marian Rosa Montagut ha montado una pequeña panorámica de cómo el estilo italiano influyó en la música escénica española, recogida en un programa con algunas arias y dúos con el título ‘¡Quiéreme, Picarita!’ tomado de un dúo de la zarzuela Viento es la dicha de amor de José de Nebra.

   Tres obras escénicas de Rodríguez de Hita han sido las fuentes de donde se ha extraído la mayoría de las obras del concierto de La Real Cámara: de la zarzuela de tema heroico La Briseida, de la destacó el aria de bravura «Dime Aquiles fiero», en la que la soprano Aurora Peña empezó a demostrar la plenitud de su canto que, sin duda iba a ser uno los focos de atención de este concierto. Seguidamente fue Ruth Rosique quien interpretó otras dos pertenecientes a la zarzuela Las segadora de Vallecas en las que esta cantante catalana andaluza sacó su gracejo haciendo bueno el contenido jocoso del texto del dramaturgo Ramón de Cruz, un más que interesante colaborador escénico del compositor. Para terminar con esta obra, la presencia del tenor hispalense Francisco Fernández Rueda, con el aria «Aunque me veis canalla» que canta el personaje del Tío Paco, llamó la atención por su intenso volumen que sobresalía sobre el conjunto instrumental llenando sobradamente la acústica aurea del espacio principal del castillo.

   A modo de intermedio, el programa contuvo un apartado de música religiosa con dos intervenciones sólo del grupo instrumental recogidas en la colección Canciones instrumentales en las que se pudo percibir la excelente dirección y coordinación de Emilio Moreno sacando el máximo partido a cada uno de su colaboradores, entre los que llamaba la atención Pablo Zapico, en esta su tercera intervención en el Festival, tocando la guitarra en esta ocasión -lo había hecho en dos jornadas anteriores con el archilaúd y la tiorba-, lo que demuestra la versátil calidad de este músico, todo un referente del tañer en España haciendo música antigua.

El concierto entraba en su recta final con cuatro pasajes de la zarzuela, también burlesca, Las labradoras de Murcia, del mismo libretista antes citado. Fue curioso la aparición de estilemas clásicos en el aria de Olaya, Tengo yo un conranzoncillo, con la  que Aurora Peña llegó a su máxima capacidad expresiva, dejando la sensación de encontrarse en uno de los mejores momentos de su carrera, dados sus arrestos de segura coloratura, que volvía a emitir en el precioso dúo Las risas, los rigores de Teresa y Don Vicente, éste muy bien representado en canto y pequeña dramatización por el cantante sevillano generando un contrastado gracejo con la soprano. Se cumplía así una vez más con la principal razón de ser del grupo instrumental La Real Cámara que desde su fundación en 1992 por el violinista Emilio Moreno no es otro que la recuperación y difusión del patrimonio musical hispánico.

Con análogas intenciones la clavecinista Marian Rosa Montagut fundó en 2003 el conjunto instrumental barroco Harmonia del Parnàs que ha venido manteniéndose entre las formaciones más destacadas en su clase en España. Su presencia en el Festival ha estado motivada por la presentación de un programa en el que se ha podido percibir la influencia de Italia en la última música escénica barroca española a través de cuatro figuras muy representativas de este género de la primera mitad del siglo XVIII. Para mostrar tal contribución estilística ha contado con la participación de dos cantantes que han mantenido la excelente línea que ya mostrara Aurora Peña en la jornada anterior del Festival, con lo que se prolongaba la oportunidad de seguir disfrutando del mejor elenco para este tipo de repertorio.

   Varios pasajes de la lírica fábula de tema pastoril La Dorinda del compositor napolitano Francesco Corradini –instalado en Valencia y Madrid sucesivamente por lo que puede considerarse más español que de la Campania- ocuparon el primer grupo de obras iniciado por el aria Tu amor y fineza que cantó la mezzosoprano ilerdense Marta Infante, dejando constancia del dominio que tiene de su papel en esta obra desde que se editó su registro fonográfico el año 2017 por el sello discográfico Tempus. Otro tanto se puede decir de la soprano Ruth Rosique que intervino seguidamente con el tranquilo cantar que requiere la romanza Yo soy a quien la pena y el allegro que anima el aria Volvió el dardo, terminando con este compositor Marta Infante, haciendo un alarde de agilidad con el aria «Como nave que a las ondas».

Siguieron dos pasajes de la zarzuela Para obsequio a la deidad nunca es culto la crueldad e Iphigenia en Tracia de José de Nebra: el canto de «Gozaba el pecho mío» que interpreta Dircea, destaca por los estribillos que la soprano realizó con especial deleite, y el gracioso dúo «¿Qué han de ser los maridos?» de la misma obra, produciéndose con él un primer gran momento de la velada.

Cuatro movimientos anónimos de contradanzas funcionaron como intermedio instrumental del programa, destacando la intervención del primer violín, Alexis Aguado, que intermediaba de manera esencial entre la directora, al teclado, y el resto de músicos del grupo a modo de apéndice conductor de máxima garantía expresiva. Sin duda, fue uno de los secretos técnicos de la bondad estética alcanzada en este concierto.

Le sucedió una de las más famosas canciones de Antonio Literes, «Confiado jilguerillo», perteneciente a su zarzuela Acis y Galatea en la que Ruth Rosique dejó patente su natural coloratura que enriquecía la poética de este pasaje. Volvía seguidamente De Nebra con dos momentos de su zarzuela de temática mitológica Viento es la dicha de amor, destacando el sentido de lamento que dio María Infante a la arieta Confuso, turbado del primer acto de dicha obra, para producirse a continuación el otro gran momento del concierto; el aria a dúo «Quiéreme picarita» entre las dos cantantes haciendo de Marsias y Delfa que daba título al concierto y que terminaría volviéndose a interpretar como bis ante el entusiasmo del público.

Concluyó la actuación con la aparición de la música de uno de los más destacados compositores españoles que dominaron el estilo clásico; el tudelano José Castel, casi absolutamente coetáneo con Franz Joseph Haydn. Tres pasajes de su zarzuela La fontana del placer deleitaron al público que ya venía predispuesto ante la disposición de un programa de creciente interés. Fueron concretamente el aria que canta el mesonero Celio en el quinto número de primer acto, interpretada en esta ocasión por la mezzo, «Porque es bonita mi Pascualita», el aria de este personaje, «Con achaque de casar», número dos del segundo acto, y la seguidilla «El amor cocinero» entre los posaderos Antón y Celio que ocupa el séptimo número de la obra. Se terminaba así la escogida panorámica del canto barroco creado en nuestro país durante el siglo XVIII, muestra que ha querido ofrecer el Festival en esta su vigésimo primer edición como acertado y curioso hilo conductor de su programación.

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