Revista Scherzo – Eduardo Torrico (05/08/2021)

Peñíscola. Castillo del Papa Luna. 4-VIII-2021. 26º Festival Internacional de Música Antigua y Barroca de Peñíscola. Belén Roig, soprano. Justo Sanz, chalumeaux. Harmonia del Parnàs. Directora, clave y órgano: Marian Rosa Montagut. Obras de José I, Caldara, Vivaldi y Conti.

De alguien que da muestras de tenacidad o de perseverancia (e, igualmente, para lo malo, de terquedad) se dice que se mantiene ‘en sus trece’. La frase tiene que ver con el papa —más bien, antipapa— zaragozano Benedicto XIII, conocido como el Papa Luna (supongo que la fama de cabezonería que pesa sobre los aragoneses tiene también algo que ver con este hombre). Benedicto XIII ejerció su pontificado en Aviñón durante el Cisma de Occidente y se negó a renunciar a él, recluyéndose luego en el Castillo de Peñíscola —desde donde combatió sin cesar a sus muchos enemigos— y sosteniendo hasta el final de sus días que era el único y legítimo pontífice —en aquel momento llegó a haber hasta tres papas a la vez—. Pues bien, quizás imbuidos del espíritu de Benedicto XIII, los integrantes del grupo Harmonia del Parnàs se mantuvieron en ‘sus trece’ en el concierto que ofrecieron anoche en el Castillo del Papa Luna y que transcurría muy bien hasta la penúltima obra, cuando se desató de repente una tempestad en forma de viento que hizo pensar en la suspensión.

Los conciertos estivales al aire libre le añaden un encanto especial a la música, máxime si tienen como escenario un edificio tan emblemático como este castillo de Peñíscola. Pero la lluvia, el frío o, como en este caso, el viento pueden dar al traste con todas las previsiones. Acababa de cantar la soprano Belén Roig el aria de Antonio Caldara Soffirò pene e tormenti (en este caso, más que tormentos fueron tormentas), cuando una especie de huracán empezó a hacer volar partituras y atriles. Músicos y miembros de la organización se afanaban en recuperar lo que el viento se estaba llevando, pero no había manera. Algunas hojas de las partituras alcanzaban tal altura que quien más y quien menos pensó que acabarían en el mar. Tras casi un cuarto de hora de caos atmosférico, volvió una relativa calma y Harmonia del Parnàs pudo afrontar la última obra del programa (con la colaboración del personal de la organización, que hubo de sujetar los atriles): unos fragmentos de una cantata de Francesco Bartolomeo Conti titulada Fra queste umbrose piante, que sonaba por primera vez en tiempos modernos. Eso sí, con las partituras cosidas a los atriles con pinzas de tender la ropa. La cantante, en cambio, no parecía estar preocupada por el viento, ya que afrontó el largo recital (hora y media de duración) completamente de memoria. Aún tuvieron valor para ofrecer una propina (el aria Con cento e cento baci de la ópera vivaldina La verità in cimento) y un bis (un arreglo espectacular para chalumeau del Cum deretit del Nisi Dominis asimismo de Vivaldi).